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¿Hasta qué punto la empresa puede imponer un código de vestimenta?

Blog asesoría laboral: código vestimenta

La manera en la que deben vestir los empleados para acudir a su puesto de trabajo puede crear ciertas controversias.

Dejando aparte las profesiones para las que es necesario un uniforme, sin duda la vestimenta de los trabajadores proyecta una determinada imagen de la empresa, ya que ciertas prendas de ropa se asocian tradicionalmente con valores como la formalidad o la profesionalidad. Por esta razón, muchas compañías se preocupan por la cuestión.

La manera que tienen las empresas para vigilar la manera de vestir de los empleados es mediante la creación de protocolos o códigos de vestimenta interna, que recomiendan y obligan a seguir una serie de formalismos a la hora de vestir, indicando qué prendas pueden llevarse y cuáles se desaconsejan por completo.  

El Estatuto de los Trabajadores ampara el uso de estos códigos de vestimenta, en concreto el artículo 20 sobre la dirección y control de la actividad laboral, que establece que el trabajador debe seguir las órdenes o instrucciones adoptadas por el empresario.

No obstante, hay que vigilar que el código de vestimenta no vulnere los derechos del trabajador recogidos en la Constitución como:

  • El derecho fundamental a la propia imagen del empleado.
  • El derecho de igualdad y no discriminación por razón de sexo.

Los conflictos a raíz del código de vestimenta han llegado a los tribunales en más de una ocasión, precisamente argumentando que se vulneraban estos derechos. Así, en 2015 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid se pronunció sobre si la obligatoriedad de llevar zapatos de tacón era una medida sexista y sobre si el hecho de deber ir maquillada al trabajo era contario con el derecho fundamental a la propia imagen.

En los dos casos citados, los fallos dieron razón a las empleadas y consideraban que las empresas se habían excedido a la hora de diseñar los códigos de vestimenta.

A pesar de esto, se concluía que las empresas pueden imponer el uso de una manera de vestir siempre que se base en argumentos objetivos, razonables y proporcionales.

Por esta razón, a la hora de diseñar un código de vestimenta, hay que examinar si las medidas que contempla son realmente necesarias, idóneas e equilibradas y excluir todo aquella que sea arbitrario.

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